A propósito de la compra del Washington Post por parte del empresario Jeff Bezos - que ha sido la gran noticia empresarial de estos días- la editora asociada del Financial Times Lucy Kellaway ha dicho "No tengo la menor idea de por qué el Sr. Bezos ha comprado el Washington Post, o de qué piensa que se trata el periodismo"
A esta perspicaz columnista le intriga saber si el dueño de la gigante empresa Amazon, J Bezos, tiene la más remota idea de qué trata el periodismo; él es un empresario, "el más grande desestabilizador" ha dicho Forbes sobre él, ¿qué se propone al comprar el Washington Post?
En el Perú de los años 50, el empresario y político Pedro Beltrán Espantoso compró el diario La Prensa y lo puso a la altura del periodismo moderno de Estados Unidos y Europa, al menos en cuanto se refiere al tratamiento de la noticia, al uso del lenguaje y a la rigurosa separación entre secciones informativas y de opinión.
Cuando Pedro Beltrán, peruano, con estudios de Economía en Londres, con muchos nexos en Europa y USA, empresario agrario, se hizo con la propiedad del diario ubicado en la calle Baquíjano, algún columnista hubiera podido decir "no tengo idea de si el Sr. Beltrán tiene la más remota idea de qué hacer con un periódico"
Tal vez lo dijeron; Beltrán no era un desconocido pero sus talentos demostrados estaban en la economía y la política. Fue ministro de hacienda y primer ministro con el presidente Manuel Prado; opositor tenaz a Odría, estuvo detenido en la isla penal El Frontón. Conservador ferviente en economía, el equilibrio fiscal parecía ser parte de sus obsesiones, tenía ideas desarrollistas como la "revolucion verde" que no prosperó y fue el principal impulsor de la creación de la entonces "ciudad satélite" deVentanilla.
Resulta que sobre medios informativos, Pedro Beltrán tenía más que una remota idea, porque además de sentar las bases del periodismo moderno en el Perú, que hasta ese momento todavía no trataba las noticias con técnicas modernas, introdujo un principio ético consistente en darle a los lectores la oportunidad de formar su opinión a partir de los hechos planteados en forma lo más objetiva posible. Claro que editorializaba, pero en la sección correspondiente, no permitía que entre la noticia se colara contrabando.
Pedro Beltrán tenía fijación con el pluralismo: "Acá publicamos todo lo que tenga interés e importancia, todo, incluso las declaraciones de los que me atacan, no quiero ver que se excluya a nadie porque habla mal de mí". Lo decía y lo cumplía, mientras el gran diario decano nacional silenciaba sistemáticamente cualquier mención al partido político al que -con o sin motivo- odiaba.
En lo personal, tuve la suerte de comenzar mi carrera periodística justo en el diario La Prensa, durante los últimos años en que don Pedro estuvo al frente, y así tuve el privilegio de asistir a la ya muy famosa Escuelita que ha ganado su lugar en la historia periodística nacional.
Con otros diez o doce colegas formo el grupo que viene a ser su última promoción, los que ingresamos pocos años antes del golpe militar del 68 . Creo que hasta el 71 estuvo don Pedro al frente de su diario.
A la Escuelita asistíamos los periodistas novatos y también los consagrados y los jefes,-don Pedro no hacía diferencias- y escuchaba todas las opiniones. Cuando había convocatoria, don Pedro aparecía a las 9 am."ni un minuto antes ni uno después". En la sala de reuniones todos teníamos que revisar la edición del día anterior, encontrar los errores y sugerir las mejoras.
Y eso no era todo, don Pedro nos daba la tarea de proponer una redacción alternativa, mejorada, de los cables enviados por las grandes agencias internacionales (UPI, AP, AFP, ANSA, etc). ¡Como si esos cables no fuesen producto de la mejor materia gris del universo informativo!
Pedro Beltrán ondeaba dos banderas principales que hoy se echan de menos en el periodismo: Pluralidad y objetividad.
Estas son las dos mayores ausencias de los medios periodísticos de hoy,que en vez de ofrecer elementos suficientes para que el público forme su opinión, entregan sucesos filtrados según el cristal del propio medio y, con honrosas excepciones, que las hay, cuando presentan hechos no ofrecen las dos versiones y casi siempre se publican sucesos sin confirmación, sin contrastar fuentes, en suma, sin valor añadido.
Lo que ha representado la esencia del periodismo está desapareciendo, por eso cualquiera que escriba un blog, un post, comente en redes lo que escuchó por allí, siente que está haciendo periodismo porque ha observado que eso hacen muchos medios actuales.
Al periodismo ya lo dan por muerto, al menos el que se hacía en La Prensa y se analizaba desde la Escuelita ya es parte de la historia. .
martes, 13 de agosto de 2013
sábado, 14 de enero de 2012
Edad media: Lo que el viento no se llevó
Un monje detective en la novela medieval
Hace casi cien años nació en Inglaterra una niña que llegó a ser "caballero" del reino, académica respetada y escritora de culto. Su nombre es Edith Pargeter pero la conocemos como Ellis Peters.
Ellis fue una combinación poco frecuente de persona erudita y autora imaginativa; no se quedó en lo académico que llega a pocos sino que transmitió sus conocimientos al público lector, sólo que convertidos en historias y personajes de "ficción realista". Así, nos mostró el mundo fascinante y poco explorado del medioevo al que supo presentar no sólo como una época oscura, sino en su faceta de incubadora de instituciones del mundo moderno.
Situadas en el siglo XII, las novelas más populares de Ellis Peters son las que conforman una serie de más de 20 títulos sobre Fray Cadfael, el monje detective medieval. Algunos sospechan que en este personaje se inspiró Umberto Eco para escribir su célebre novela "El Nombre de la Rosa": Misma época, mismo ambiente monacal con su complicada red de secretos y misterios.
Cadfael es un protagonista absolutamente anticonvencional: Un monje de origen galés, en su sexta década de vida, que había sido soldado, marino, sobreviviente de dos cruzadas, bastante expedito con la espada, un poco gordo, bastante calvo, buen jinete y cargado de astucia pero también caritativo y hombre de fe verdadera.
Aunque el protagonista y los demás personajes de la serie son ficticios, la acción se desarrolla dentro de la histórica lucha por el trono inglés entre el rey Stephen I y su prima la emperatriz viuda Maude. Encarnizadas y sangrientas estas guerras que se originaron a la muerte de Henry I.
Stephen reinó entre 1135 y 1154 y aunque su rival Maude tuvo que declinar sus aspiraciones al trono que eran legítimas, el rey se vio obligado a designar sucesor al hijo de ella, quien legó a ser Henry II.
Entre tanta muerte inútil, en la abadía de San Pedro y San Pablo vive un monje herbolario que domina todas las hierbas y brevajes que curan (conocimiento aprendido en el medio oriente durante las cruzadas), y que entre misas, liturgia de las horas, visitas a sus pacientes y demás obligaciones, ayuda a resolver crímenes que ayer como hoy se comenten por codicia, lujuria, envidia, celos, fanatismo y los demás motivos usuales.
Las novelas de Ellis Peters nos facilitan pistas para comprender a esos personajes lejanos en el tiempo y cómo diseñaron e influyeron en instituciones básicas del mundo de hoy.
Así, los artesanos medievales son los precursores de los empresarios modernos; los trabajadores libres son los primeros empleados del conocimiento -especialistas en sus respectivos campos-; los siervos que afortunadamente ya no existen, son los excluídos de las sociedades modernas, los señores feudales son los tiranos de todos los tiempos. y los aristócratas, bueno, no siempre eran conscientes del principio de que nobleza obliga.
Del mismo modo, vemos el origen de los hospitales de hoy en los servicios de salud que brindaban las antiguas abadías. En las hospederías de aquellos tiempos está el origen remoto de la industria hotelera de hoy y así por el estilo. No fue del todo estéril el mundo medieval.
Volviendo al personaje es difícil conseguir hoy en librerías las novelas de Fray Cadfael; sus muchos seguidores las buscamos inútilmente esperando poder completar los títulos que nos faltan. Ahora que está cercano el centenario del nacimiento de Ellis Peters, tal vez se anime alguna editorial a publicar nuevamente la serie, tanto en idioma original como en las muchas traducciones que se han hecho.
Sería un justo tributo a Ellis Peters y un regalo para sus seguidores.
Hace casi cien años nació en Inglaterra una niña que llegó a ser "caballero" del reino, académica respetada y escritora de culto. Su nombre es Edith Pargeter pero la conocemos como Ellis Peters.
Ellis fue una combinación poco frecuente de persona erudita y autora imaginativa; no se quedó en lo académico que llega a pocos sino que transmitió sus conocimientos al público lector, sólo que convertidos en historias y personajes de "ficción realista". Así, nos mostró el mundo fascinante y poco explorado del medioevo al que supo presentar no sólo como una época oscura, sino en su faceta de incubadora de instituciones del mundo moderno.
Situadas en el siglo XII, las novelas más populares de Ellis Peters son las que conforman una serie de más de 20 títulos sobre Fray Cadfael, el monje detective medieval. Algunos sospechan que en este personaje se inspiró Umberto Eco para escribir su célebre novela "El Nombre de la Rosa": Misma época, mismo ambiente monacal con su complicada red de secretos y misterios.
Cadfael es un protagonista absolutamente anticonvencional: Un monje de origen galés, en su sexta década de vida, que había sido soldado, marino, sobreviviente de dos cruzadas, bastante expedito con la espada, un poco gordo, bastante calvo, buen jinete y cargado de astucia pero también caritativo y hombre de fe verdadera.
Aunque el protagonista y los demás personajes de la serie son ficticios, la acción se desarrolla dentro de la histórica lucha por el trono inglés entre el rey Stephen I y su prima la emperatriz viuda Maude. Encarnizadas y sangrientas estas guerras que se originaron a la muerte de Henry I.
Stephen reinó entre 1135 y 1154 y aunque su rival Maude tuvo que declinar sus aspiraciones al trono que eran legítimas, el rey se vio obligado a designar sucesor al hijo de ella, quien legó a ser Henry II.
Entre tanta muerte inútil, en la abadía de San Pedro y San Pablo vive un monje herbolario que domina todas las hierbas y brevajes que curan (conocimiento aprendido en el medio oriente durante las cruzadas), y que entre misas, liturgia de las horas, visitas a sus pacientes y demás obligaciones, ayuda a resolver crímenes que ayer como hoy se comenten por codicia, lujuria, envidia, celos, fanatismo y los demás motivos usuales.
Las novelas de Ellis Peters nos facilitan pistas para comprender a esos personajes lejanos en el tiempo y cómo diseñaron e influyeron en instituciones básicas del mundo de hoy.
Así, los artesanos medievales son los precursores de los empresarios modernos; los trabajadores libres son los primeros empleados del conocimiento -especialistas en sus respectivos campos-; los siervos que afortunadamente ya no existen, son los excluídos de las sociedades modernas, los señores feudales son los tiranos de todos los tiempos. y los aristócratas, bueno, no siempre eran conscientes del principio de que nobleza obliga.
Del mismo modo, vemos el origen de los hospitales de hoy en los servicios de salud que brindaban las antiguas abadías. En las hospederías de aquellos tiempos está el origen remoto de la industria hotelera de hoy y así por el estilo. No fue del todo estéril el mundo medieval.
Volviendo al personaje es difícil conseguir hoy en librerías las novelas de Fray Cadfael; sus muchos seguidores las buscamos inútilmente esperando poder completar los títulos que nos faltan. Ahora que está cercano el centenario del nacimiento de Ellis Peters, tal vez se anime alguna editorial a publicar nuevamente la serie, tanto en idioma original como en las muchas traducciones que se han hecho.
Sería un justo tributo a Ellis Peters y un regalo para sus seguidores.
miércoles, 13 de abril de 2011
Mejor un soneto que una ecuación
Cuando en todo Lima había una sola una universidad, San Marcos, el ingreso podía resultar muy difíci incluso para los estudiantes talentosos. Veamos un caso que dio que hablar por décadas en la Lima de fines del XIX.
Terminado el colegio se presentó a San Marcos un alumno que, aunque brillante en muchos campos del saber, no la atinaba con los números y como la prueba incluía ciencias y letras, fracasó varias veces.
Nuestro estudiante del caso se llamaba Pedro G. Delgado Mago, un aspirante a la carrera de letras y humanidades que desde la primaria había destacado en gramática, historia y otros cursos; además, escribía sonetos y otras rimas ganadoras de premios pero difícilmente hubiese sido alumno aventajado de Pitágoras.
En una oportunidad y tras un nuevo fracaso en el cuestionario de matemáticas en el examen de ingreso, la universidad publicó la lista de aprobados donde él no figuraba y al lado apareció en un muro dibujado un ataúd con las siguientes líneas: "Aquí yace el bruto P.G.D. cullos restos descansan en paz" (sic).
Cuando el interesado leyó el epitafio, en vez de borrar su nombre como hacían otros, en su lugar escribió al pie de la lápida los siguientes versos:
Si porque en ciencias estás
te crees sabio, ¡pobre orgullo!
que el que aquí descansa en paz
no escribe con "ll" cuyo;
y aunque soy bruto podría
a tí y a toda tu cuerda
darles, pedazos de "cerda"
lecciones de ortografía.
Lápida y versos fueron ampliamente comentados, permanecieron muchos años a la vista de la comunidad universitaria y la anécdota fue publicada en el Almanaque Peruano de Juan Miguel Gálvez en 1928 como parte de la chismografía nacional.
El estudiante de entonces ingresó en 1899, se graduó en letras, se doctoró y luego estudió jurisprudencia en la que también logró el doctorado. Fue profesor, juez, y se le conoció mucho por sus tratados sobre diversos aspectos del derecho que escribió y muchas veces reeditó debido a a demanda, porque los estudiantes de todo el país los usaron como libros de texto.
Pedro G. Delgado cultivó la poesía desde la infancia y durante toda su vida. Una anécdota de cuando de niño ganó el primero, segundo y tercer premio en España será materia de otra nota.
Terminado el colegio se presentó a San Marcos un alumno que, aunque brillante en muchos campos del saber, no la atinaba con los números y como la prueba incluía ciencias y letras, fracasó varias veces.
Nuestro estudiante del caso se llamaba Pedro G. Delgado Mago, un aspirante a la carrera de letras y humanidades que desde la primaria había destacado en gramática, historia y otros cursos; además, escribía sonetos y otras rimas ganadoras de premios pero difícilmente hubiese sido alumno aventajado de Pitágoras.
En una oportunidad y tras un nuevo fracaso en el cuestionario de matemáticas en el examen de ingreso, la universidad publicó la lista de aprobados donde él no figuraba y al lado apareció en un muro dibujado un ataúd con las siguientes líneas: "Aquí yace el bruto P.G.D. cullos restos descansan en paz" (sic).
Cuando el interesado leyó el epitafio, en vez de borrar su nombre como hacían otros, en su lugar escribió al pie de la lápida los siguientes versos:
Si porque en ciencias estás
te crees sabio, ¡pobre orgullo!
que el que aquí descansa en paz
no escribe con "ll" cuyo;
y aunque soy bruto podría
a tí y a toda tu cuerda
darles, pedazos de "cerda"
lecciones de ortografía.
Lápida y versos fueron ampliamente comentados, permanecieron muchos años a la vista de la comunidad universitaria y la anécdota fue publicada en el Almanaque Peruano de Juan Miguel Gálvez en 1928 como parte de la chismografía nacional.
El estudiante de entonces ingresó en 1899, se graduó en letras, se doctoró y luego estudió jurisprudencia en la que también logró el doctorado. Fue profesor, juez, y se le conoció mucho por sus tratados sobre diversos aspectos del derecho que escribió y muchas veces reeditó debido a a demanda, porque los estudiantes de todo el país los usaron como libros de texto.
Pedro G. Delgado cultivó la poesía desde la infancia y durante toda su vida. Una anécdota de cuando de niño ganó el primero, segundo y tercer premio en España será materia de otra nota.
viernes, 1 de abril de 2011
Jane Eyre y la evolución del rol femenino.
A propósito de la nueva película sobre Jane Eyre que está por filmarse en Hollywood, es momento para hablar de esta heroína de novela que merece la atención permanente de los productores. Ya lleva nueve versiones cinematográficas y siempre habrá otra en proyecto.
Jane Eyre es personaje clave en la evolución del rol femenino. Escrita a mediados del siglo XIX por Charlotte Brontè, es una mujer capaz de pensar y actuar con la visión de persona humana integral y no a través del lamentable estereotipo plasmado en el personaje Cenicienta de Grimm: La chica linda e indefensa que después de pasar mil desventuras, como premio a su mansedumbre y sobre todo por su belleza sin igual, consigue marido rico y vive feliz para siempre.
Jane Eyre es también una historia de amor pero es mucho más que eso, es una declaración de principios sobre la manera de vencer la adversidadd: Una huérfana pobre y sin atractivos, que sabe decir no y plantarle cara al destino. Es la anticenicienta, aunque-como la heroina de Grimm- sobrevive a todo tipo de penurias, Jane no se echa a llorar sino que al quedar huérfana y recluída en una casa de parientes hostiles, adquiere conocimientos a través de la lectura como escape ante la falta de afecto, se refugia en el conocimiento frente a la soledad; los mayores consideran altanería sus rasgos de carácter que en realidad expresan dignidad y así, sacando de la desgracia una ventaja, estudia el doble, se hace maestra, se gana la vida y más adelante encuentra a un hombre excéntrico, poco atractivo, insatisfecho de la vida social, un "pobre joven rico" que no esperaba encontrar a nadie con un espíritu tan exquisito y metas pesonales tan elevadas como él .. hasta que...
Resulta apasionante com estos dos seres atípicos se aproximan y se alejan, se enamoran e intentan olvidarse y finalmente encuentran juntos su lugar en el mundo.
Ella, la anticenicienta, salva y redime a su "príncipe", ella es el personaje fuerte en quien se apoya él especialmente después del terrible accidente que... no es cosa de contar la trama, anímense a leer esta historia que no los dejará indiferentes.
En su personaje Jane Eyre, Charlotte Bronté combina con acierto dosis de coraje y encanto, fragilidad y fortaleza en medio de la sociedad encorsetada del siglo XIX, y que trasciende a su tiempo, por eso es un clásico. Vio la luz casi medio siglo después de las obras de Jane Austen, la otra escritora británica cuyas novelas son reeditadas y filmadas una y otra vez. Y tal vez por ser posterior en medio siglo, Jane Eyre es más fuerte y autosuficiente que las heroínas de Jane Austen.
Charlotte Brontè tuvo que firmar el original de su novela con nombre masculino para que los editores aceptaran publicarla. ¡Quién querría leer en 1847 una obra escrita por una mujer, no era libro de cocina! Bueno, aunque ahora tenemos muchísimas escritoras de primer nivel (y de los otros niveles) todavía queda un rezago del antiguo prejuicio. Baste, por ejemplo, con que muchos todavía llamen "poetisa" a la mujer poeta. Y aunque esta denominación concuerde con las normas de la Academia, es sólo el reflejo de unas reglas gramaticales que recogen la antigua discriminación. El talento no tiene género.
Jane Eyre es personaje clave en la evolución del rol femenino. Escrita a mediados del siglo XIX por Charlotte Brontè, es una mujer capaz de pensar y actuar con la visión de persona humana integral y no a través del lamentable estereotipo plasmado en el personaje Cenicienta de Grimm: La chica linda e indefensa que después de pasar mil desventuras, como premio a su mansedumbre y sobre todo por su belleza sin igual, consigue marido rico y vive feliz para siempre.
Jane Eyre es también una historia de amor pero es mucho más que eso, es una declaración de principios sobre la manera de vencer la adversidadd: Una huérfana pobre y sin atractivos, que sabe decir no y plantarle cara al destino. Es la anticenicienta, aunque-como la heroina de Grimm- sobrevive a todo tipo de penurias, Jane no se echa a llorar sino que al quedar huérfana y recluída en una casa de parientes hostiles, adquiere conocimientos a través de la lectura como escape ante la falta de afecto, se refugia en el conocimiento frente a la soledad; los mayores consideran altanería sus rasgos de carácter que en realidad expresan dignidad y así, sacando de la desgracia una ventaja, estudia el doble, se hace maestra, se gana la vida y más adelante encuentra a un hombre excéntrico, poco atractivo, insatisfecho de la vida social, un "pobre joven rico" que no esperaba encontrar a nadie con un espíritu tan exquisito y metas pesonales tan elevadas como él .. hasta que...
Resulta apasionante com estos dos seres atípicos se aproximan y se alejan, se enamoran e intentan olvidarse y finalmente encuentran juntos su lugar en el mundo.
Ella, la anticenicienta, salva y redime a su "príncipe", ella es el personaje fuerte en quien se apoya él especialmente después del terrible accidente que... no es cosa de contar la trama, anímense a leer esta historia que no los dejará indiferentes.
En su personaje Jane Eyre, Charlotte Bronté combina con acierto dosis de coraje y encanto, fragilidad y fortaleza en medio de la sociedad encorsetada del siglo XIX, y que trasciende a su tiempo, por eso es un clásico. Vio la luz casi medio siglo después de las obras de Jane Austen, la otra escritora británica cuyas novelas son reeditadas y filmadas una y otra vez. Y tal vez por ser posterior en medio siglo, Jane Eyre es más fuerte y autosuficiente que las heroínas de Jane Austen.
Charlotte Brontè tuvo que firmar el original de su novela con nombre masculino para que los editores aceptaran publicarla. ¡Quién querría leer en 1847 una obra escrita por una mujer, no era libro de cocina! Bueno, aunque ahora tenemos muchísimas escritoras de primer nivel (y de los otros niveles) todavía queda un rezago del antiguo prejuicio. Baste, por ejemplo, con que muchos todavía llamen "poetisa" a la mujer poeta. Y aunque esta denominación concuerde con las normas de la Academia, es sólo el reflejo de unas reglas gramaticales que recogen la antigua discriminación. El talento no tiene género.
domingo, 13 de marzo de 2011
El presidente que quería ser senador
Marzo de 1990, semanas previas a las elecciones generales: Un gran favorito, Mario Vargas Llosa escoltado en las encuestas por Luis Alva Castro, Enrique Bernales, Henry Pease, Alfonso Barrantes y otros cinco candidatos más. Algunos eran perfectos desconocidos.
La revista Caretas acababa de publicar la famosa carátula del "samurai" Alberto Fujimori, que por ese entonces apenas asomaba la nariz en las últimas encuestas. La portada fue exitosa, y dio que hablar.
Era un sábado; en el canal de TV donde trabajaba estábamos preparando la edición del día siguiente y todavía no teníamos al entrevistado. Justo entonces escuché que al lado, en la mesa de trabajo de otro programa dominical, la productora rechazaba el pedido telefónico de la señora Susana Higuchi para que su esposo Alberto Fujimori fuese invitado ese domingo. Y pensamos ¿Por qué no traerlo nosotros? Es un personaje nuevo, un descendiente japonés que es candidato a presidente del Perú. Algo impensable entonces.
Fujimori se presentó puntualísimo el domingo, y mientras lo preparaban para las cámaras me preguntó a quién había designado para que lo entrevistara. Le indiqué que el designado era Mauricio Fernandini, y entonces me dijo: Señora por favor, dígale que no se olvide que también soy candidato a senador, a senador, no se olvide.
De allí en adelante tuvo algunas oportunidades más en la TV; el ascenso del "outsider" fue meteórico y su intención de voto aumentaba día a día aunque ya no se podían publicar las encuestas. Faltando una semana supimos que Alberto Fujimori iba segundo en Lima. Y el día de las elecciones llegó segundo después de Mario Vargas Llosa por lo que pasó a la segunda vuelta. En el debate final se dedicó a atacar el "shock" que aplicaría Vargas Llosa si ganaba y que, por supuesto, fue lo primero que hizo él mismo al asumir la presidencia.
Me resulta imposible olvidar que el candidato Fujimori de los años 90 tenía la esperanza de ser senador y resultó presidente. Le llegó un triunfo que no estaba en sus planes, un cargo con el cual ni soñaba y del que no supo desprenderse a su debido tiempo.
La revista Caretas acababa de publicar la famosa carátula del "samurai" Alberto Fujimori, que por ese entonces apenas asomaba la nariz en las últimas encuestas. La portada fue exitosa, y dio que hablar.
Era un sábado; en el canal de TV donde trabajaba estábamos preparando la edición del día siguiente y todavía no teníamos al entrevistado. Justo entonces escuché que al lado, en la mesa de trabajo de otro programa dominical, la productora rechazaba el pedido telefónico de la señora Susana Higuchi para que su esposo Alberto Fujimori fuese invitado ese domingo. Y pensamos ¿Por qué no traerlo nosotros? Es un personaje nuevo, un descendiente japonés que es candidato a presidente del Perú. Algo impensable entonces.
Fujimori se presentó puntualísimo el domingo, y mientras lo preparaban para las cámaras me preguntó a quién había designado para que lo entrevistara. Le indiqué que el designado era Mauricio Fernandini, y entonces me dijo: Señora por favor, dígale que no se olvide que también soy candidato a senador, a senador, no se olvide.
De allí en adelante tuvo algunas oportunidades más en la TV; el ascenso del "outsider" fue meteórico y su intención de voto aumentaba día a día aunque ya no se podían publicar las encuestas. Faltando una semana supimos que Alberto Fujimori iba segundo en Lima. Y el día de las elecciones llegó segundo después de Mario Vargas Llosa por lo que pasó a la segunda vuelta. En el debate final se dedicó a atacar el "shock" que aplicaría Vargas Llosa si ganaba y que, por supuesto, fue lo primero que hizo él mismo al asumir la presidencia.
Me resulta imposible olvidar que el candidato Fujimori de los años 90 tenía la esperanza de ser senador y resultó presidente. Le llegó un triunfo que no estaba en sus planes, un cargo con el cual ni soñaba y del que no supo desprenderse a su debido tiempo.
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Políticamente correcto
Hace pocos años la Academia sueca de la lengua incorporó el pronombre neutro hen a los tradicionales "han" (masculino) y ...